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domingo, 13 de enero de 2019

Entre remesas y turismo


Por Héctor Farina Ojeda

Dentro del crecimiento insuficiente de la economía mexicana en 2018 destaca un interesante movimiento interno de distribución de riquezas debido fundamentalmente a dos factores: el récord en las remesas y el repunte en el turismo. De acuerdo a los datos del Banco de México, de enero a noviembre de 2018 las remesas totalizaron 30 mil 557 millones de dólares, con lo que ya superaron la cifra total de 2017, que fue de 30 mil 291 millones de dólares. Y todavía falta la suma de diciembre, el mes del aguinaldo. En tanto en el sector del turismo, el crecimiento estimado fue del 5 por ciento, con ingresos por encima de los 22 mil millones de dólares, según cifras de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco-Servytur).

Los resultados de estos sectores son muy interesantes para el dinamismo interno de la economía debido a su capacidad distributiva: tanto las remesas como el turismo representan ingresos para millones de personas, de distintos segmentos y diferentes regiones. A diferencia de los ingresos de las exportaciones de vehículos, de los ingresos petroleros o de las industrias maquiladoras, el turismo y las remesas no están concentrados en pocas manos, por lo que al llegar a más gente generan un mayor efecto interno en el poder adquisitivo y en el consumo. En una economía tan desigual como la mexicana, que posee un fuerte concentración de riqueza, la lluvia de pequeños ingresos es de mucha bonanza.

Por el lado de las remesas, resulta irónico que en tiempos de proteccionismo en Estados Unidos y con un fuerte discurso antimigrante y a favor de la construcción de un muro, los mexicanos que trabajan del otro lado hayan enviado más dinero que nunca. Ante el temor de perder sus empleos, de las deportaciones o de que el endurecimiento de medidas les dificulte cada vez más ganar un buen dinero, las remesas se aceleraron y llegaron a más de 1.7 millones de familias.

En cuanto al turismo, se espera que para 2019 la bonanza continúe y ello represente un crecimiento de 5.5 por ciento en el sector, así como el arribo de más de 44 millones de turistas extranjeros, con un monto aproximado de ingresos de 23.2 mil millones de dólares. En porcentajes, el turismo duplica al promedio de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), en tanto genera empleos directos e indirectos para 10 millones de personas. Lo más importante del turismo es que sus ingresos alcanzan a sectores tan diversos como los hoteleros, las compañías aéreas, los restaurantes, el comercio formal y el informal, los microempresarios, pequeños vendedores, etc.

Sin embargo, todavía estamos lejos de un aprovechamiento integral de las bondades de estos sectores: las remesas no son una panacea y en muchos casos apenas sirven para la sobrevivencia. Son una oportunidad momentánea que hay que invertir correctamente. Y en el caso del turismo, tanto la inseguridad como la corrupción son un fuerte desincentivo y pueden afectar a los ingresos y los empleos. Necesitamos cuidar los ingresos distributivos y aprender a invertir mejor.

Publicado en El Sol de Puebla

lunes, 21 de noviembre de 2016

La posverdad y su turbulencia

Por Héctor Farina Ojeda 

El Diccionario Oxford eligió recientemente a la “posverdad” como la palabra del año, como una forma de reconocer al neologismo que intenta explicar lo ocurrido en situaciones como el Brexit o el triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses. Dice el diccionario que la posverdad se refiere a “circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Es decir, el posicionamiento de un discurso que apele a lo emotivo, a exacerbar los ánimos y acicatear creencias genera más consistencia que lo concreto, que la verdad misma. 

Ya muchos califican a Trump como el político de la posverdad: con un discurso anclado en la exacerbación, el populismo y los ataques desmedidos, sus palabras generan reacciones aunque se traten de agresiones sin sentido, de promesas imposibles y de mentiras gratuitas posteriormente desmentidas. Aunque lejos de los hechos objetivos, sus alocuciones al muro, a la cancelación de acuerdos comerciales, a represalias y deportaciones masivas de migrantes, así como a la influencia para evitar que una fábrica automotriz se instale en México, no sólo han generado reacciones en el mercado financiero y el ánimo de la gente, sino que son una amenaza permanente para la confianza en la economía mexicana. 

La depreciación del peso frente al dólar y el nerviosismo en el mercado financiero son sólo algunos síntomas del golpe a la confianza. La posverdad impulsada por lo que pudiera hacer el gobierno de Trump en cuanto a relaciones comerciales, empleo para migrantes y radicación de empresas -entre otros temas- genera mucha incertidumbre en los sectores económicos y podría retrasar proyectos, inversiones y hasta el consumo. Y esto se da justo cuando se están recortando las expectativas de crecimiento para el siguiente año y cuando se requiere de un incremento en la inversión productiva para generar más empleos. Toda una turbulencia en medio de la incertidumbre y la posverdad.

La verdadera capacidad de la economía mexicana para hacerle frente a las eventualidades de la era Trump está en entredicho: ¿qué tanta fortaleza tiene para crecer pese a las adversidades externas? Más que nunca, se requiere potenciar los motores económicos internos para ganar la confianza y mantener la proyección en medio del discurso de la posverdad que ya está generando especulación, miedo e incertidumbre, y que puede ahuyentar inversiones, frenar emprendimientos y limitar el consumo. Ante una inminente guerra a la confianza, no basta con salir a desmentir todos los días, sino que la propia fortaleza será la mejor defensa.

Hay que actuar rápido para mejorar la competitividad, romper la dependencia de un sólo mercado y potenciar la capacidad de la gente para emprender y producir. Es tiempo de invertir en forma estratégica en la infraestructura y el conocimiento, en obras que generen empleos y en la innovación. Con sólo especular que nada pasará no le ganaremos a la posverdad. Hay que construir confianza. 

lunes, 7 de noviembre de 2016

La historia interminable

Como en el título de la novela de Michael Ende, la recuperación de la economía mexicana parece interminable. Y no me refiero a la situación dada a partir de la gran crisis de 2009, sino a un periodo mucho más amplio que puede cubrir décadas de espera: en cuanto a crecimiento, empleo, buenos salarios, y oportunidades en general que contribuyan a minimizar la pobreza que divide al país. Más en los discursos que en los indicadores, la recuperación siempre está presente como la gran esperanza, como el golpe de timón que hace falta. Pero cada vez se parece más a una situación fantástica en la que siempre está llegando, sin que llegue para todos y sin que termine de llegar. 

En las últimas tres décadas el crecimiento ha sido muy modesto -del 2 por ciento anual en promedio-, en tanto en los dos años recientes se tuvo una tendencia a la baja en el largo plazo, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Todo apunta a que la recuperación se extenderá en el tiempo, con lo que seguimos postergando la atención a las urgentes necesidades sociales. Con repuntes raquíticos, con riquezas que no llegan a todos, con un estancamiento en los salarios de la clase media y con una pérdida del poder adquisitivo, no se vislumbra un giro copernicano hacia una economía que crezca en niveles importantes. 

Ante la incertidumbre de lo que pasará con la economía estadounidense luego de las elecciones y en vistas de la gran dependencia que se tiene del vecino, la gran pregunta es qué medidas y estrategias se implementarán para los siguientes años, ya que la estabilidad y el control de los grandes indicadores no es suficiente. ¿Vamos hacia una economía del conocimiento o nos parapetamos en las manufacturas? ¿Buscamos la diversificación de los mercados o seguimos confiando en las exportaciones a Estados Unidos?¿Nos arriesgamos con alguna estrategia innovadora o esperamos que todo esté bien?

La lentitud de los resultados de las reformas es un sólo un síntoma más de un malestar endémico: los cambios no terminan por traducirse en beneficios para la gente, ni en lo económico ni en lo educativo. Pero lo más preocupante es que no es raro que sea así, pues con una economía poco competitiva, poco productiva y con una fuerza laboral descuidada en su educación y castigada en el mercado laboral, es de esperar que la fragilidad, la lentitud y la precariedad limiten cualquier tipo de maniobra en un mundo acelerado. 


En medio de una crisis tras otra, parece que seguimos viendo el riesgo y no la oportunidad. Con el viejo esquema de la mano de obra barata y los modelos industriales no llegaremos lejos en una economía que depende cada vez más del conocimiento aplicado. Es tiempo de un giro trascendente, de un salto hacia nuevos horizontes económicos. Si de todos modos la recuperación no termina de llegar y los problemas siguen intactos, ¿por qué no acelerar el paso hacia la innovación, el emprendimiento, la ciencia y la tecnología? Lo cierto es que hay que cambiar o nos irá igual o peor. 

domingo, 18 de octubre de 2015

Empleos de calidad

Por Héctor Farina Ojeda 

Conseguir un empleo ya no es solo una oportunidad sino un desafío. La generación de empleos en las últimas décadas ha sido insuficiente, en consonancia con el crecimiento económico mediocre, pero no sólo hay un problema de cantidad sino fundamentalmente de calidad: hay una marcada tendencia hacia la precarización del trabajo, con salarios bajos que no sólo no garantizan ingresos suficientes sino que casi aseguran la permanencia en la condición de pobreza. Sin prestaciones, sin posibilidades reales de crecimiento y bajo la amenaza latente de que el despido podría ser mucho peor que un mal trabajo, una buena parte de la ciudadanía debe conformarse con encontrar un espacio de sobrevivencia dentro del mercado laboral. 

A la dificultad de conseguir un empleo debemos añadirle que los salarios en México son de los más bajos de América Latina, según datos del Banco Mundial. En otras palabras, para un país que tiene a cerca de la mitad de la población en situación de pobreza, el empleo no es una alternativa suficiente, pues los bajos ingresos que perciben los trabajadores no alcanzan para que mejoren su condición de vida. Como si los indicadores se hubieran puesto de acuerdo para sellar una unidad viciosa, el crecimiento no alcanza, los empleos son insuficientes, la pobreza se mantiene y los salarios se devalúan.  

Si bien ha habido un auge importante en varios sectores, como las maquiladoras, las ensambladoras de autos, la industria electrónica o el turismo, los beneficios no alcanzan a revertir los indicadores de pobreza. Como alternativa a un mercado laboral formal sobrepasado, la informalidad se ha convertido en el principal destino de las personas que buscan empleo. Y en un mercado informal, lo último que se podría hacer es buscar es seguridad o estabilidad. Todo es efímero y precario, dependiente y arriesgado. 

Hay dos momentos en los que debemos pensar con miras a atender el problema del empleo: la situación actual, en la que urgen los puestos de calidad para atender las necesidades de una población empobrecida; y el mediano y largo plazo, lo que implica repensar la forma en que vemos el trabajo y las formas tradicionales que teníamos de prepararnos.

Para atender el problema actual se debe facilitar la creación de empresas, lo cual puede incentivarse mediante una reducción de la burocracia y de los impuestos, así como con un sistema de créditos que premie a los emprendedores y los innovadores, sobre todo cuando son pequeños empresarios. Debemos incentivar a los que emprenden y no condenarlos a quedar en la informalidad, a merced de la usura y la precariedad.

Pero para el mediano y largo plazo hay que revolucionar desde las bases, desde la formación innovadora. Si el problema de hoy es conseguir un empleo bueno, el problema de mañana será inventar un empleo bueno. Estamos ante la decadencia de un mercado que nos ofrecía trabajo y ante la emergencia de uno que nos pregunta qué trabajo le ofreceremos. La reinvención del empleo es una necesidad demasiado importante como para sentarnos a esperar que el mercado se haga cargo. Es cosa nuestra.

sábado, 17 de octubre de 2015

Del trabajo a la productividad

Por Héctor Farina Ojeda 

Un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) puso el dedo en la llaga en uno de los graves problemas de la economía mexicana: la productividad. De los 34 países que forman parte de este organismo, México tiene el nivel de productividad laboral más bajo, debido a dos problemas de los que se ha hablado mucho pero se ha resuelto poco: la mala preparación de los trabajadores y la baja calidad educativa. Mientras que México obtuvo un puntaje de 20 en una escala de 100, el promedio de los países miembros de la OCDE es más del doble: 50 puntos. 

Los datos del estudio son contundentes: sólo el 18 por ciento de la población mexicana tiene estudios superiores frente al 32 por ciento del promedio de los demás países de la OCDE. Esto nos habla de trabajadores con bajo nivel de competencia, sin la preparación adecuada y que por lo tanto no alcanzan los niveles de productividad y eficiencia de trabajadores de países como Luxemburgo, Noruega, Bélgica o Estados Unidos, que ocupan los primeros lugares. Además, en muchos de los casos los trabajadores no ocupan los empleos para los cuales tienen estudios, sino que trabajan en lo que encuentran. 

Esta situación no es casualidad. No podemos esperar otra cosa si recordamos que hace apenas unas semanas el Foro Económico Mundial señaló que la educación primaria mexicana tiene muy poca calidad, lo que nos dice que el descuido hacia los recursos humanos es de origen. Hasta parece una gran ironía que los mexicanos trabajen más que los europeos, pero produzcan menos, ganen menos y vivan a merced de la precariedad y la pobreza. 

A los problemas de la educación y la escasa inversión en los recursos humanos hay que sumarle el divorcio entre la formación universitaria y el mercado laboral, así como la situación peculiar de un sistema de privilegios en donde no se contrata al más idóneo sino al amigo, compadre o al que simplemente hizo un “favor” que será recompensado con un puesto de trabajo en el que no sólo no será productivo sino será perjudicial. En un contexto en el que no se forma ni se contrata sobre la base de la idoneidad, no debería sorprendernos que tengamos baja productividad laboral, salarios injustos y mucha gente que trabaja en exceso pero no gana lo suficiente.    

El problema es bastante complejo pero hay ideas que podemos implementar en busca de soluciones. Deberíamos preguntarnos cuáles son las competencias y habilidades que necesitamos con miras a incorporarnos a la economía del conocimiento, así como pensar cómo innovar, cómo emprender y cómo evitar repetir el modelo en el que se pasa de ser desempleado a tener un trabajo mal pagado y con pocas expectativas de mejoría.

El economista Jeremy Rifkin dice que para hacerle frente a un mercado laboral tan inestable y cambiante tenemos que desarrollar más habilidades y más conocimientos. Si el problema está en los recursos humanos. ¿qué esperan para invertir en ellos y prepararlos como se debe? 


Mentes creativas

Por Héctor Farina Ojeda 

Como nunca antes, vivimos en tiempos de ideas, de innovación y de revoluciones tecnológicas que rompen paradigmas y modelos. En forma acelerada, los inventos, los avances de la ciencia, la tecnología y los descubrimientos en campos tan diversos como la medicina o la robótica dan cuenta de que estamos ante una nueva era en la que debemos aprender a reinventar nuestra economía, nuestra formación y nuestra manera de comprender el mundo. Pero frente a esta ventana visionaria, el atraso y los problemas endémicos nos enrostran una realidad que no hemos podido cambiar: hay 134 millones de pobres en América Latina y 200 millones de personas en condición de vulnerabilidad. 

El buen momento de la producción de materias primas y el crecimiento económico no han logrado revertir los niveles de pobreza ni crear los empleos que tanto demandamos. Es más: ante el declive de las condiciones que permitieron reducir la pobreza, existe un fundamentado temor de un nuevo retroceso. Lo dijo claramente George Gray, economista del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): se debe calificar a la gente para nuevos empleos, así como a las empresas para desarrollar nuevos productos, con una mayor calidad, si se pretende continuar con la reducción de la pobreza. 

Hoy, en la economía del conocimiento, hay muchos factores esperanzadores para sociedades jóvenes. En su libro “¡Crear o morir!”, el periodista Andrés Oppenheimer presenta una serie de casos curiosos de emprendedores y creadores que están revolucionando la economía y la forma de pensar en los empleos. Más que sobrevivir en el mercado tradicional, hay un pensamiento que va hacia el trabajo colaborativo -la filosofía hacker-, el desarrollo de ideas, la experimentación y un intento constante por innovar. Se trata de mentes creativas, inquietas, que comparten ideas para desarrollar una tecnología, una aplicación o un nuevo modelo de negocios. Y están generando pequeñas revoluciones que terminarán en un cambio notable en menos tiempo del que se cree. 

Jordi Muñoz es uno de los ejemplos claros de que la innovación cambia realidades: en pocos años pasó de ser un desempleado sin título universitario a convertirse en el presidente de una empresa de drones que está revolucionando la industria aeroespacial. De Tijuana, se fue a Estados Unidos agobiado por la falta de recursos y gracias a sus ideas innovadoras ahora es un referente de los drones comerciales a nivel mundial. Y como Jordi Muñoz hay numerosos ejemplos en el campo de las redes sociales, las tecnologías de la comunicación, las impresoras 3D e incluso la cocina. Los factores comunes : la creatividad y el trabajo colaborativo. 

Dice Oppenheimer que el gran secreto de las mentes creativas para inventar e innovar es rodearse de otros creativos. La pregunta es qué estamos haciendo para incentivar a nuestros talentos, nuestros innovadores y creativos para que sus ideas puedan revolucionar la economía. La creatividad y la innovación son una gran oportunidad frente a nuestros males económicos. ¿Estamos listos para aprovecharlas?


lunes, 4 de mayo de 2015

Inseguridad y amenazas a la economía

Por Héctor Farina Ojeda 

Hay mucho por mejorar en la economía mexicana. En medio de una recuperación que ya parece interminable y de una menor expectativa de crecimiento para este año, la sensación de que estamos ante una escena conocida es poderosa. Desaceleración, falta de dinamismo propio y la necesidad de empleos de calidad: como una evocación del eterno retorno, vuelven una y otra vez a los informativos para pintar problemas conocidos, urgencias postergadas y crucigramas no resueltos. Estamos ante una economía que necesita emerger con aires revolucionarios pero que sigue limitada por lastres y amenazas, como la corrupción y la inseguridad, tal como periódicamente lo podemos leer en algún estudio o informe.

En este contexto, el problema de la inseguridad ha llegado a extremos de gravedad, como lo ocurrido en Jalisco hace unos días. No sólo estamos ante una amenaza a la seguridad de las personas, sino hacia las actividades económicas de la gente: las productivas, comerciales, los servicios, etc. La violencia y el miedo limitan el trabajo normal, afectan las rutinas laborales y ahuyentan inversiones y posibilidades de empleo. En un contexto de inseguridad, es menos probable el emprendimiento y hay mucha cautela a la hora de invertir, de planificar y de construir proyectos a mediano y largo plazo.

En este sentido, el estudio titulado “Una aproximación a los costos de la violencia en México”, realizado en 2014 por el Instituto para la Seguridad y Democracia (INSYDE), presenta como una de sus conclusiones que en México los ciudadanos y las comunidades tuvieron que cambiar sus hábitos cotidianos y su actividad de desarrollo con miras a evitar ser víctimas del delito, lo que ha ha restringido sus libertades individuales, sociales y económicas. El estudio señala que la inseguridad tiene consecuencias significativas para la sociedad, con elevados costos en cuanto a la generación de riqueza, el gasto público, el desarrollo económico y las actividades laborales y educativas.

Esto es un solo un punto de referencia para pensar en todas las afectaciones que puede traer la inseguridad en el campo económico: desde la merma en las inversiones y el desincentivo para emprender, hasta la disminución del turismo, lo cual sería un golpe tremendo para Jalisco y para México, pues se trata no sólo de una las principales fuentes de ingreso sino que, posiblemente, sea la forma más justa de repartir la riqueza. Y no hay que pensar sólo en los grandes números sino en la necesidad cotidiana de la gente, en los empleos que se requieren y en las oportunidades que se pierden por culpa del miedo y la incertidumbre. 

La violencia y la inseguridad no sólo son amenazas para la gente sino para su forma de vida, para sus actividades, necesidades y expectativas. Si queremos construir economías más justas, debemos construir sociedades más seguras. Resolver el problema de la inseguridad es una urgencia, pues sus costos en la sociedad podrían ser impagables. 


lunes, 6 de abril de 2015

El afán por el atraso


Por Héctor Farina Ojeda

Una de las formas de saber hacia dónde va una economía es mirar los presupuestos. Ver en qué invierten, en qué gastan y a qué le apuestan con miras al corto, mediano y largo plazo. Pensar en el futuro económico implica no sólo resolver los conflictos del presente sino establecer las bases para que el día de mañana tengamos algo mejor de lo que tenemos hoy. Y en un mundo de revoluciones y cambios constantes, más que nunca necesitamos planificar qué vamos a hacer para no quedar rezagados y para buscar alternativas que permitan mejorar las condiciones de vida de la gente.

En este sentido, el problema de la caída del precio del petróleo no deja de ser una ironía de la visión económica: anclados en una riqueza natural que se agotará inexorablemente y que en sus oscilaciones golpea presupuestos y proyecciones, pareciera que la visión nostálgica está en el agotamiento  y no en el futuro marcado por la riqueza más importante de los tiempos actuales: el conocimiento. En lugar de que del petróleo hayan salido fondos especiales para invertir en la gente, como hicieron los noruegos, de su bajo precio emergen los recortes a la educación que seguramente significarán que millones de personas no puedan salir de la condición de pobreza y de escasas oportunidades en las que se encuentran. En la riqueza del petróleo, la amenaza de pobreza.

Mientras un estudio revela que más de la mitad de la población mexicana no puede pagar el costo de la canasta básica, la posibilidad del recorte del presupuesto a la educación para 2016 parece decir que no se busca mejorar la productividad, que es, precisamente, lo que hace falta para mejorar los salarios, para recuperar poder adquisitivo y así cubrir necesidades como la canasta básica. Y no es cuestión de México sino es casi un afán latinoamericano en tiempos de crisis: ver el problema y dar el paso atrás en lugar de aprovechar la oportunidad e invertir en el futuro. 

Seguir con la dependencia de las riquezas naturales, del crecimiento económico del vecino, de las remesas o de los precios internacionales de materias primas no traerá el “milagro económico” tan esperado. Al contrario, lo que se requiere es romper la dependencia, dinamizar el mercado interno y que más que un milagro lo que se logre sea una recuperación propiciada por la gente. Y para ello el cambio debe pasar por depender menos de las riquezas naturales y apostar más por el conocimiento, por la formación de la riqueza más codiciada. 

Es el conocimiento el que hoy representa las dos terceras partes de la riqueza que se produce en el mundo. Por ello, el afán debería ser invertir en la construcción de un presente y un futuro más prometedores, vinculados a la posibilidad de posicionarnos en una economía del conocimiento, incentivar la innovación, la ciencia y la tecnología, y darle a la gente la posibilidad de fabricarse sus propias oportunidades y no seguir a expensas de milagros que nunca llegan e injusticias que oprimen, que marginan y que rezagan.





Talento, creatividad y economía


Por Héctor Farina Ojeda 

Incentivar la creatividad, la innovación y el desarrollo de talentos: eso es lo que hoy hacen las naciones desarrolladas. Lo dice claramente Andrés Oppenheimer en su libro "Crear o morir": la cuestión ya no pasa por decidir entre el socialismo y el capitalismo, sino por saber cómo inventar e innovar para no quedar en el atraso. Los países latinoamericanos se enfrentan hoy al extraordinario desafío de apostar por su gente para entrar a la economía del conocimiento y abandonar los viejos sistemas de privilegios y exclusiones que nos exhiben como el subcontinente con la mayor desigualdad del mundo. 

Más allá de la explotación de recursos naturales y de la dependencia de pocos rubros, la economía de hoy nos exige que apostemos por el capital más valioso que tenemos: la gente. Y apostar por la gente como motor del cambio implica repensar nuestros viejos modelos educativos para pasar a uno que incentive el talento, la creación, la innovación y la capacidad de inventar salidas en un mundo que se abre para los que saben y se cierra para los que pretenden saber y se conforman con que todo sea igual.

Desarrollar talentos, sobre todo de los jóvenes, es una necesidad económica de primer orden. Del talento de jóvenes emprendedores salieron las empresas tecnológicas más referenciadas a nivel mundial, en tanto los grandes avances en campos tan diversos como la medicina y la robótica se deben a mentes inquietas, incentivadas y con apoyo para experimentar ideas que pueden derivar en notables transformaciones.

Ante este escenario cambiante en el que las estrellas son los innovadores y los que experimentan, debemos pensar si estamos generando ambientes adecuados para incentivar y desarrollar talentos, o si los estamos empujando hacia sistemas de privilegios que matan la creatividad y premian al que no sabe, al que puede ocupar lugares que no merece gracias a acuerdos torcidos. 

La economía del conocimiento exige cambio de ideas y una renovación de los mecanismos de generación de riqueza, por lo que no basta con un cambio de personas para mantener el mismo sistema dependiente de materias primas y de favores políticos. Más que nunca, se necesita desarrollar el talento de la gente y para ello debemos replantear la educación, la burocracia, el apoyo económico y todo lo vinculado al entorno de los emprendedores, de los que necesitan respaldo para proponer, crear y cambiar. 

Si en México hay tanto talento, y si en Jalisco tenemos extraordinarias condiciones para la innovación tecnológica, no solo podemos pensar en una "pequeña Silicon Valley" sino en convertir a la región en un centro de innovadores que generen riqueza y den el paso decisivo hacia la nueva economía. Es cuestión de incentivar y apoyar: a la educación, a las universidades, a los emprendedores, a los talentos, a la gente. 

Dejemos de promocionar modelos del atraso y pasemos, de una vez por todas, a apostar por lo que realmente rige a los tiempos actuales: la gente, con sus talentos, sus ideas y sus revoluciones.


Innovar, un paso urgente

Por Héctor Farina Ojeda 
No es casualidad que una economía como la mexicana sea pesada, lenta, dependiente y con una deuda creciente hacia las necesidades sociales. No es casualidad si vemos economías florecientes a nivel mundial que se basan en su capacidad de innovar y crear, de inventar y buscar siempre ubicarse un paso adelante de los demás. Porque, precisamente, la apuesta por la innovación marca una enorme diferencia entre esas naciones que hoy son ricas y las que se debaten entre el atraso y el estancamiento, como en el caso mexicano. 

La diferencia es tan grande que hace 30 años Corea del Sur y México tenían situaciones similares, pero ahora los coreanos son una potencia mundial en cuanto a innovación, invenciones, patentes y avances tecnológicos, lo que se traduce en una enorme generación de riqueza que beneficia a su gente. En tanto, en el lado mexicano se mantienen los mismos problemas de pobreza, desempleo, informalidad y se sigue postergando la ciencia y la tecnología, que apenas merecen el 0.5 por ciento del PIB en inversión.  

Todos los años, el informe del Foro Económico Mundial sobre la competitividad de las naciones nos recuerda que los problemas de corrupción, inseguridad, baja calidad educativa y falta de innovación limitan el desarrollo competitivo del país. Y desde hace años se tienen diagnósticos suficientes para entender que detrás de una economía lenta y pesada hay un problema de falta de competitividad en los recursos humanos, lo cual limita la capacidad de innovar y ajustarse a un mundo económico demasiado cambiante. 

La cuestión de innovar no es algo menor, sino un gran desafío que puede marcar un paso trascendental: hacia el desarrollo o hacia el atraso o el estancamiento. Hay muchas preguntas detrás de la innovación que no hemos respondido con suficiencia: ¿realmente hay un interés por incentivar la innovación o sólo intenciones discursivas que jamás se concretarán? ¿Qué tipo de apoyos reales se les dan a los que quieren innovar? O incluso podemos ir más allá: ¿nos interesa innovar? 

Una mirada a los semilleros de la innovación, las universidades, seguramente nos revelará qué tan interesados estamos. Mientras hay una enorme fábrica de profesionales para las carreras tradicionales, todavía no hay suficiente formación de ingenieros para un mercado que requiere ingenieros. Pareciera que seguimos pensando que el mejor camino es la formación para espacios que se resisten al cambio, como si la apuesta fuera por asegurar un cargo mágico que provea recursos de manera infinita. Pero en tiempos de cambio, apostar por no cambiar equivale a perder.

Desde la formación, desde el apoyo económico, desde las facilidades burocráticas y fiscales, la innovación debería ser incentivada como parte de una política económica que busque elevar la competitividad y la capacidad de hacer de la gente. Las universidades, los gobiernos y el sector privado deberían incentivar las innovaciones, ya sea como un compromiso con el país o por la codicia de saber que se trata de un buen negocio. 

Publicado en Milenio Jalisco, en el espacio "Economía empática". Ver aquí: 

domingo, 11 de enero de 2015

Contra la economía

Por Héctor Farina Ojeda (*)

Las buenas referencias para la economía paraguaya enfrentan un problema crucial que amenaza con anclarnos en el atraso durante un buen tiempo. Mientras los periódicos dan cuenta de que este año cerrará con un crecimiento del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) y se estima que para 2015 se mantendría un ritmo similar, la verdad es que todos los buenos números están amenazados no solo para los siguientes años, sino para toda una generación. Con el fracaso de la reforma educativa que se pone en evidencia con estudiantes que tienen problemas de lectura y de comprensión, estamos atacando lo más esencial para que una economía funcione en los tiempos actuales: el conocimiento. 

Seguramente los administradores de turno podrán pintar un cuadro con indicadores que disfracen en alguna medida la realidad: eventualmente se recuperará el precio de la soja y puede que se incrementen la producción ganadera y la exportación de carne. Pero la dependencia de un par de rubros y el agotamiento de los recursos naturales no sólo no servirán para ubicar al país como una economía de vanguardia, sino que no lograrán minimizar la pobreza ni romper la desigualdad que hace que muy pocos se llenen las manos mientras los demás padecen las carencias. 

Con la tragedia que representa que 9 de cada 10 estudiantes de tercer y sexto grado no aprendan en clases, estamos matando la esencia de la economía: sin una generación preparada, no habrá innovación ni competitividad ni productividad, ni podemos hacer ciencia ni tecnología. El fracaso de los estudiantes es más que una "tragedia educativa", como diría Guillermo Jaim Etcheverry, es una verdadera "tragedia económica".  Si nos quedamos como si nada y permitimos que se pierda toda una generación de paraguayos, el resultado es ir exactamente en contra de la economía del conocimiento, en contra de las oportunidades de todo un país. Caminar en sentido contrario al conocimiento implica hacerle un harakiri deshonroso a la economía, a las esperanzas de innovar y cambiar una situación que ya es demasiado oprobiosa. 

Mientras los países desarrollados están preocupados por la ciencia y la tecnología y buscan mejorar sus universidades, en Paraguay las noticias nos hablan de estudiantes que no aprenden, docentes incapaces de aprobar pruebas para dar clases, fondos despilfarrados en nombre de la educación y políticos incapaces de al menos hilvanar un discurso coherente. No es casualidad que el fracaso en la educación se traduzca en corrupción, pobreza, marginalidad y mucha injusticia.

Para defender nuestra economía y buscar mejorar la calidad de vida de la gente, la urgencia es recuperar la educación. No son los indicadores macroeconómicos, es la educación la que puede salvarnos o hará que se termine de hundir el barco. En los tiempos actuales no existe la posibilidad de minimizar la pobreza ni la marginalidad si no es por medio del conocimiento de la gente. 

Tenemos todo por hacer y es imperioso salvar la educación. Repatriar cerebros, incentivar talentos, invertir más y mejor en ciencia y tecnología, enviar a los mejores a formarse en el exterior, elevar la calidad docente... Es hora de un cambio drástico que apunte a la construcción de un país sobre la base de formar a su gente, antes de que una generación perdida sea la perdición de toda la economía y todo el país. 

(*) Periodista y profesor universitario

Desde Ciudad de México, México. 

Publicado en el diario económico 5 días, de Paraguay. Ver original aquí

Pronósticos y resultados


Por Héctor Farina Ojeda

El crecimiento limitado, los empleos insuficientes, los bajos salarios y la sensación de que la recuperación económica es demasiado demorada. Con estas palabras podemos intentar resumir lo que nos deja 2014, un año económico que fue bajando sus expectativas en la medida en que la inseguridad, la falta de dinamismo interno y los factores externos fueron minando los resultados. En cambio, la serie de reformas impulsadas pretende que los beneficios comiencen a cosecharse paulatinamente a partir del siguiente año. Aquí tenemos un pronóstico interesante: la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) prevé un crecimiento económico de 3.4 por ciento para 2015, lo que representa un mayor dinamismo que en 2014, que cerrará con cifras de alrededor de 2 por ciento de repunte.

El pronóstico suena interesante porque es una visión del sector privado, a partir de sus propias fuerzas productivas. La Concamin espera que en 2015 se generen aproximadamente 694 mil puestos de empleo, lo que representará una leve mejoría frente a los 670 mil empleos estimados en 2014. Igualmente, el organismo industrial calcula que las exportaciones se incrementarán en 5 por ciento, sobre todo por el mayor impulso del sector fabril. Otro dato importante es que estiman un repunte de 3.9 por ciento en las inversiones productivas, lo que podría afectar positivamente al sector laboral.

Con esta perspectiva sabemos que 2015 será un año económico difícil, aunque continuará la tendencia de crecimiento. El problema radica en que crecer con estos números no es suficiente y que la estabilidad que se proyecta no es una buena noticia para todos: los ricos estables en su riqueza, los pobres estables y anclados en su pobreza. El crecimiento que requiere México debe superar el 5 por ciento anual, así como debe generar por lo menos 1 millón de empleos al año. Y tampoco debemos quedar conformes con la cantidad sino con la calidad: que el crecimiento tenga una distribución más equitativa y que los puestos de empleo tengan salarios más dignos y acordes a las necesidades.

El sector privado está preocupado por la competitividad y la productividad, sin las cuales es difícil recuperar la fortaleza del mercado interno. Y en este mercado interno hay un problema grave por el empobrecimiento del consumidor, el ciudadano que vive de bajos salarios, en condiciones de pobreza y de enormes limitaciones que impiden que pueda satisfacer necesidades básicas. Será imposible recuperar el mercado interno si no recuperamos primero el poder adquisitivo de la gente, lo cual sólo será posible con mejores empleos y mejores salarios.

Un año de continuidad y de estabilidad no cambiará mucho. Pero un año de redireccionamiento podría implicar la construcción de una plataforma interesante para atender la economía de la gente: apostar por las microempresas, romper la dependencia de factores externos, diversificar las exportaciones y sus mercados, así como impulsar pequeños emprendimientos, todo en búsqueda de mejores oportunidades para la gente que no es beneficiada con el crecimiento ni con los grandes indicadores. 

Publicado en Milenio Jalisco, en el espacio "Economía empática". Ver original aquí:

miércoles, 11 de marzo de 2009

Invertirá gobierno 40 mil mdd en infraestructura este año

Economía - Miércoles 11 de marzo (20:10 hrs.)

Requiere economía mundial de libre comercio contra crisis
El país tiene una política comercial orientada al libre intercambio de bienes y servicios, afirma Calderón
La Federación estima detonar crédito a pymes por 250 mil millones de pesos en los próximos cuatro años


El Financiero en línea

México, 11 de marzo.- El presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, manifestó que el libre comercio y la integración económica son las herramientas que requiere la economía mundial para recuperarse de la crisis actual y elevar su nivel de competitividad.

Al dirigir su mensaje en el Octava Convención Anual de la Cámara Americana de Comercio (American Chamber of Commerce), el mandatario aseguró que México y Estados Unidos son muestra clara de las ventajas del libre comercio.

"Desde que entró en vigor el Tratado (de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN) en 1994, el comercio entre nuestras naciones se cuadruplicó y alcanzó más de 360 mil millones de dólares en 2008", expuso.

El mandatario afirmó que pocas naciones mantienen una relación tan dinámica e intensa como la que une a México y Estados Unidos, por lo que ante los desafíos que enfrenta el mundo deben refrendar su alianza, para construir un futuro más seguro y próspero en la región.

El TLCAN, dijo, ha tenido un impacto favorable en términos de empleo, pues "actualmente uno de cada cinco trabajos formales en México está relacionado con la actividad exportadora".

Calderón Hinojosa advirtió que se decía que el libre comercio se aprovecharía de salarios bajos, pero ahora las exportadoras pagan salarios 37 por ciento superiores a los de empresas del resto de la economía.

Sin embargo, reconoció que falta mucho por hacer, pues se necesita profundizar la integración de las economías de ambas naciones para incrementar la competitividad de América del Norte.

"México es uno de los más importantes compradores de productos americanos en la actualidad y gracias al libre comercio se ha podido incrementar también la competitividad de ese segmento de la economía de nuestro vecino del norte", al generar también millones de empleos en Estados Unidos, refirió.

El titular del Ejecutivo federal destacó el papel de la American Chamber de México como promotora del libre comercio en la región y una mayor integración porque, reiteró, "sólo a través de una mayor integración mejoraremos el bienestar de nuestras naciones".

Expuso que México tiene una política comercial orientada al libre intercambio de bienes y servicios, y frente a la tentación de proteccionismo de otros países se ha optado por la simplificación de la estructura administrativa del gobierno y del comercio exterior.

Se ha mantenido también una política de reducción de aranceles para aquellos insumos que hacen competida a la planta productiva nacional, refirió.

En tiempos difíciles, "el proteccionismo no es la respuesta correcta. Si algo puede aprenderse de la crisis económica de la década de los 30 es que el establecimiento de medias proteccionistas retardaron innecesariamente la recuperación de la economía americana", argumentó.

Al presentar las acciones y programas que ha aplicado el gobierno mexicano para hacer frente a la crisis financiera y económica, informó que se prevé en 2009 un impulso de inversión pública y privada en infraestructura con más de 40 mil millones de dólares.

Ese monto, afirmó, es el más elevado de la historia, y que es más o menos parecido a lo que se invierte en la ampliación del Canal de Panamá y que llevará varios años en desarrollarse.

El presidente Calderón comentó, además, que el gobierno federal tiene estimado detonar crédito a pequeñas y medianas empresas (pymes) por 250 mil millones de pesos en los próximos cuatro años. (Con información de Notimex/GCE)

Fuente: El Financiero en linea, 11-03-09. Ver original aquí