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lunes, 7 de noviembre de 2016

La historia interminable

Como en el título de la novela de Michael Ende, la recuperación de la economía mexicana parece interminable. Y no me refiero a la situación dada a partir de la gran crisis de 2009, sino a un periodo mucho más amplio que puede cubrir décadas de espera: en cuanto a crecimiento, empleo, buenos salarios, y oportunidades en general que contribuyan a minimizar la pobreza que divide al país. Más en los discursos que en los indicadores, la recuperación siempre está presente como la gran esperanza, como el golpe de timón que hace falta. Pero cada vez se parece más a una situación fantástica en la que siempre está llegando, sin que llegue para todos y sin que termine de llegar. 

En las últimas tres décadas el crecimiento ha sido muy modesto -del 2 por ciento anual en promedio-, en tanto en los dos años recientes se tuvo una tendencia a la baja en el largo plazo, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Todo apunta a que la recuperación se extenderá en el tiempo, con lo que seguimos postergando la atención a las urgentes necesidades sociales. Con repuntes raquíticos, con riquezas que no llegan a todos, con un estancamiento en los salarios de la clase media y con una pérdida del poder adquisitivo, no se vislumbra un giro copernicano hacia una economía que crezca en niveles importantes. 

Ante la incertidumbre de lo que pasará con la economía estadounidense luego de las elecciones y en vistas de la gran dependencia que se tiene del vecino, la gran pregunta es qué medidas y estrategias se implementarán para los siguientes años, ya que la estabilidad y el control de los grandes indicadores no es suficiente. ¿Vamos hacia una economía del conocimiento o nos parapetamos en las manufacturas? ¿Buscamos la diversificación de los mercados o seguimos confiando en las exportaciones a Estados Unidos?¿Nos arriesgamos con alguna estrategia innovadora o esperamos que todo esté bien?

La lentitud de los resultados de las reformas es un sólo un síntoma más de un malestar endémico: los cambios no terminan por traducirse en beneficios para la gente, ni en lo económico ni en lo educativo. Pero lo más preocupante es que no es raro que sea así, pues con una economía poco competitiva, poco productiva y con una fuerza laboral descuidada en su educación y castigada en el mercado laboral, es de esperar que la fragilidad, la lentitud y la precariedad limiten cualquier tipo de maniobra en un mundo acelerado. 


En medio de una crisis tras otra, parece que seguimos viendo el riesgo y no la oportunidad. Con el viejo esquema de la mano de obra barata y los modelos industriales no llegaremos lejos en una economía que depende cada vez más del conocimiento aplicado. Es tiempo de un giro trascendente, de un salto hacia nuevos horizontes económicos. Si de todos modos la recuperación no termina de llegar y los problemas siguen intactos, ¿por qué no acelerar el paso hacia la innovación, el emprendimiento, la ciencia y la tecnología? Lo cierto es que hay que cambiar o nos irá igual o peor. 

lunes, 21 de diciembre de 2015

La desigualdad más allá del ingreso

Por Héctor Farina Ojeda 

La profunda desigualdad en México es uno de los problemas más graves a la hora de pensar en la construcción de un futuro económico. Pero no se trata sólo de una desigualdad de ingresos, con datos que periódicamente presentan los estudios realizados por diferentes organismos, sino de una sociedad desigual en donde los privilegios y las exclusiones han trascendido a esferas de la vida que no deberían verse afectadas por un mayor o menor ingreso monetario. Desde la oportunidad de recibir una buena educación o una buena salud, hasta los empleos y los salarios están marcados por una matriz de desigualdad que cierra puertas y abre abismos entre ricos y pobres.

Hace unos días, un estudio denominado “Desigualdad Extrema en México: Concentración del Poder Económico y Político”, presentado por Oxfam México, dio cuenta de que el país se encuentra dentro del 25 por ciento de los países que tienen la mayor desigualdad en el mundo. Menos del 1 por ciento de la población mexicana concentra el 43 por ciento de la riqueza, en tanto el 10 por ciento de los trabajadores mejores pagados gana 30 veces más que el 10 por ciento que menos percibe. Y como muestra del abismo que divide a un país: la riqueza de 4 multimillonarios equivale al 9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), en tanto hay 61 millones de personas que viven en la pobreza. 

Más allá de los números y de la cuestión del ingreso, la desigualdad se agudiza en cuanto a oportunidades laborales, acceso a la educación, salud y calidad de vida. De la desigualdad de ingresos que condena a gran parte de la población en una economía de mercado se ha trascendido a las marcadas diferencias sociales en lo que el filósofo Michael Sandel denomina “una sociedad de mercado”, en donde hay cosas que el dinero compra y que no debería comprar. De la diferencia de ingresos salen desigualdades en cuanto a la aplicación de la ley, al derecho a la salud o simplemente a la necesidad de gozar de un buen entretenimiento. En sociedades desiguales en las que todo se vende y se compra, ir al hospital, a una buena función de teatro o exigir el derecho laboral pueden ser una utopía para quienes no pueden pagar.

Además de vivir en condiciones desiguales, la imposición de reglas de juego que propician más desigualdad es un serio riesgo para el futuro económico: mientras las oportunidades de acceso a un buen empleo o a una buena educación se basen en un sistema de privilegios que premia a los que pueden pagar, corromper o ser apadrinados a cambio de “favores”, difícilmente se podría aspirar a una sociedad menos desigual. El futuro económico no puede construirse sobre la base de la exclusión, la marginación y el ensanchamiento escandaloso de la brecha entre las condiciones de vida de unos pocos ricos y millones de personas que sobreviven en la pobreza.

¿Qué futuro económico nos espera si seguimos inflando la desigualdad en la sociedad? Seguramente, ninguno bueno. O simplemente ninguno. Si queremos un buen futuro, en lugar de excluir, hay que darle oportunidades a la gente.

Publicado en Milenio Jalisco, en el espacio “Economía empática” de la sección Negocios. Ver original aquí:

domingo, 18 de octubre de 2015

Empleos de calidad

Por Héctor Farina Ojeda 

Conseguir un empleo ya no es solo una oportunidad sino un desafío. La generación de empleos en las últimas décadas ha sido insuficiente, en consonancia con el crecimiento económico mediocre, pero no sólo hay un problema de cantidad sino fundamentalmente de calidad: hay una marcada tendencia hacia la precarización del trabajo, con salarios bajos que no sólo no garantizan ingresos suficientes sino que casi aseguran la permanencia en la condición de pobreza. Sin prestaciones, sin posibilidades reales de crecimiento y bajo la amenaza latente de que el despido podría ser mucho peor que un mal trabajo, una buena parte de la ciudadanía debe conformarse con encontrar un espacio de sobrevivencia dentro del mercado laboral. 

A la dificultad de conseguir un empleo debemos añadirle que los salarios en México son de los más bajos de América Latina, según datos del Banco Mundial. En otras palabras, para un país que tiene a cerca de la mitad de la población en situación de pobreza, el empleo no es una alternativa suficiente, pues los bajos ingresos que perciben los trabajadores no alcanzan para que mejoren su condición de vida. Como si los indicadores se hubieran puesto de acuerdo para sellar una unidad viciosa, el crecimiento no alcanza, los empleos son insuficientes, la pobreza se mantiene y los salarios se devalúan.  

Si bien ha habido un auge importante en varios sectores, como las maquiladoras, las ensambladoras de autos, la industria electrónica o el turismo, los beneficios no alcanzan a revertir los indicadores de pobreza. Como alternativa a un mercado laboral formal sobrepasado, la informalidad se ha convertido en el principal destino de las personas que buscan empleo. Y en un mercado informal, lo último que se podría hacer es buscar es seguridad o estabilidad. Todo es efímero y precario, dependiente y arriesgado. 

Hay dos momentos en los que debemos pensar con miras a atender el problema del empleo: la situación actual, en la que urgen los puestos de calidad para atender las necesidades de una población empobrecida; y el mediano y largo plazo, lo que implica repensar la forma en que vemos el trabajo y las formas tradicionales que teníamos de prepararnos.

Para atender el problema actual se debe facilitar la creación de empresas, lo cual puede incentivarse mediante una reducción de la burocracia y de los impuestos, así como con un sistema de créditos que premie a los emprendedores y los innovadores, sobre todo cuando son pequeños empresarios. Debemos incentivar a los que emprenden y no condenarlos a quedar en la informalidad, a merced de la usura y la precariedad.

Pero para el mediano y largo plazo hay que revolucionar desde las bases, desde la formación innovadora. Si el problema de hoy es conseguir un empleo bueno, el problema de mañana será inventar un empleo bueno. Estamos ante la decadencia de un mercado que nos ofrecía trabajo y ante la emergencia de uno que nos pregunta qué trabajo le ofreceremos. La reinvención del empleo es una necesidad demasiado importante como para sentarnos a esperar que el mercado se haga cargo. Es cosa nuestra.

lunes, 6 de abril de 2015

La economía, fundamental y poco destacada en los medios

Por Héctor Farina Ojeda 

La economía es uno de los temas fundamentales para la vida de las personas, pero parece no serlo para los medios de comunicación que informan cada vez menos sobre hechos económicos. Basta con ver los informativos de Jalisco para darnos una idea de lo empobrecidos que están en cuanto a noticias sobre economía que ayuden a la gente a tener una noción certera de lo que ocurre en el entorno. Pero no sólo es un fenómeno local sino que las limitaciones de la información económica alcanzan a la prensa en general, tanto a nivel nacional como a nivel internacional. 

Los informativos televisivos dedican casi nada a la economía, en tanto se ensalzan con notas morbosas sobre violencia, sin más intención que llamar la atención desde la perspectiva de lo escandaloso y no de lo reflexivo. Y apenas, con mucha suerte, cuentan con un espacio económico en el que más que informar y educar a la gente, recitan indicadores y cifras que aportan más confusión que claridad a la audiencia. Con un tratamiento casi marginal y con una pobre capacidad explicativa, es normal que las audiencias dejen de ver los espacios económicos y prefieran información de otro tipo. 

Una mirada a los periódicos en Jalisco nos pinta un panorama grave: a la limitación de espacio para las noticias económicas, hay que sumarle la superficialidad de las notas -muchas de ellas replicadas directamente de las agencias- y el escaso análisis. A tal punto llega el desinterés, que en algunos medios impresos la sección económica es inexistente o casi no hay periodistas destinados a la fuente. Esto nos genera la sensación de que los temas económicos, pese a su importancia fundamental para la gente, no son considerados relevantes para la cobertura y la publicación. Es más, si nos guiamos por las noticias, pareciera que en Jalisco los problemas serios sólo tienen que ver con la violencia y nada con la economía. 

¿Dónde están las investigaciones sobre los presupuestos, el uso de los recursos públicos, las inversiones en educación, las campañas para mitigar la pobreza? ¿Por qué tan poco espacio para hablar del empleo, las opciones laborales, la formación de la gente, la informalidad o la marginalidad? Si mediante el estudio de los fundamentos económicos podemos saber lo que harán los gobernantes con nuestra educación, nuestra salud, nuestra seguridad y nuestra vida…¿por qué no darle importancia en la cobertura diaria?

Una prensa que no estudia, no investiga ni documenta la situación económica es una prensa responsable de que gran parte de la ciudadanía no valore los temas económicos ni tenga conciencia de las cuestiones fundamentales que tienen que ver la sociedad. Y en este caso, no se trata simplemente de publicar periódicamente indicadores sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto, las inversiones o la inflación. El objetivo es informar sobre hechos que afectan directamente a la gente y hacer que estos hechos sean asimilados y generen conciencia colectiva. Desde el uso adecuado de recursos que pueden servir para mejorar los servicios en una colonia hasta la malversación o el despilfarro que pueden equivaler a no tener un hospital en buenas condiciones, a perder vidas por falta de medicamentos o a expulsar del sistema educativo a niños porque no pueden cubrir el costo: la economía forma parte de nuestra vida y debe ser informada y contextualizada como tal. 

La poca presencia de la información económica en los medios hace que los temas económicos no estén en discusión permanente, lo que es perjudicial para la gente y muy conveniente para el poder. Desconocer los hechos económicos trascendentes para el funcionamiento de la sociedad tiene como resultado una ciudadanía poco crítica, sin el poder de cuestionar ni controlar. Es por esto que el rol de los periodistas y los medios de comunicación para informar con calidad sobre economía adquiere un valor vital, sobre todo en un país con la mitad de la población en situación de pobreza y con urgentes necesidades.

Hasta podríamos ver con ironía los informativos en los que resulta más importante el robo de una cartera con 500 pesos antes que el robo del presupuesto o el endeudamiento de una nación que puede condenar a generaciones completas a pagar durante años por algo que no hicieron. 

Desafíos para el periodismo

Hay dos aspectos que representan un claro desafío para el periodismo en temas de economía. El primero de ellos tiene que ver con la capacidad de estudiar, analizar y escudriñar lo que se hace con la economía, ya sea desde lo público o lo privado. Esto implica investigar los presupuestos, el uso de los recursos, las inversiones, las prioridades en el gasto, los proyectos y las obras, las políticas de desarrollo y la planificación a mediano y largo plazo. Y para ello no sólo hay que especializar a los periodistas, sino que hay que recuperar los espacios para los temas económicos en los medios de comunicación. 

Pero en este caso no basta con informar o simplemente transferir los datos, sino que se debe formar audiencias: enseñar y explicar en la medida en que se da a conocer un hecho. Hay que lograr que la ciudadanía se sienta involucrada con la información que, al final de cuentas, es relevante para su vida cotidiana. 

En este contexto, la investigación es fundamental y decisiva para hacer un periodismo de calidad que le sirva a la gente y recupere la función de la prensa como contrapoder. 

Por otro lado, el segundo desafío tiene como ver con la urgencia de recuperar el periodismo de servicios y contar buenas historias para la gente: desde las oportunidades de negocios en un mercado hasta las necesidades de formación profesional conforme a las demandas de empleo. Los precios de los productos de la canasta básica, las quejas por los malos servicios, los productos innovadores, las opciones para el autoempleo o las posibilidades de emprender un negocio con éxito, deben volver a ocupar un lugar importante en la cobertura diaria. 

Hay que recuperar a la audiencia mediante información útil y relevante, así como por la calidad narrativa de las historias. La gente no quiere encontrarse con números que no entiende, sino con una buena nota, una buena crónica o un buen reportaje que expliquen la economía en función de la vida misma, de las necesidades y expectativas. 

Un paso importante para este desafío sería hablar más con la gente y dejar de publicar boletines institucionales. Salgan a la calle a preguntar por el empleo, por los salarios, por el costo de vida, por las necesidades de educación o salud, por todo lo básico que se requiere para vivir con dignidad. 

En lugar de publicar tanta frivolidad, tanta viralización sin sentido y tanta farándula, sería bueno volver a la economía y a las urgentes necesidades de la gente.  




domingo, 11 de enero de 2015

Contra la economía

Por Héctor Farina Ojeda (*)

Las buenas referencias para la economía paraguaya enfrentan un problema crucial que amenaza con anclarnos en el atraso durante un buen tiempo. Mientras los periódicos dan cuenta de que este año cerrará con un crecimiento del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) y se estima que para 2015 se mantendría un ritmo similar, la verdad es que todos los buenos números están amenazados no solo para los siguientes años, sino para toda una generación. Con el fracaso de la reforma educativa que se pone en evidencia con estudiantes que tienen problemas de lectura y de comprensión, estamos atacando lo más esencial para que una economía funcione en los tiempos actuales: el conocimiento. 

Seguramente los administradores de turno podrán pintar un cuadro con indicadores que disfracen en alguna medida la realidad: eventualmente se recuperará el precio de la soja y puede que se incrementen la producción ganadera y la exportación de carne. Pero la dependencia de un par de rubros y el agotamiento de los recursos naturales no sólo no servirán para ubicar al país como una economía de vanguardia, sino que no lograrán minimizar la pobreza ni romper la desigualdad que hace que muy pocos se llenen las manos mientras los demás padecen las carencias. 

Con la tragedia que representa que 9 de cada 10 estudiantes de tercer y sexto grado no aprendan en clases, estamos matando la esencia de la economía: sin una generación preparada, no habrá innovación ni competitividad ni productividad, ni podemos hacer ciencia ni tecnología. El fracaso de los estudiantes es más que una "tragedia educativa", como diría Guillermo Jaim Etcheverry, es una verdadera "tragedia económica".  Si nos quedamos como si nada y permitimos que se pierda toda una generación de paraguayos, el resultado es ir exactamente en contra de la economía del conocimiento, en contra de las oportunidades de todo un país. Caminar en sentido contrario al conocimiento implica hacerle un harakiri deshonroso a la economía, a las esperanzas de innovar y cambiar una situación que ya es demasiado oprobiosa. 

Mientras los países desarrollados están preocupados por la ciencia y la tecnología y buscan mejorar sus universidades, en Paraguay las noticias nos hablan de estudiantes que no aprenden, docentes incapaces de aprobar pruebas para dar clases, fondos despilfarrados en nombre de la educación y políticos incapaces de al menos hilvanar un discurso coherente. No es casualidad que el fracaso en la educación se traduzca en corrupción, pobreza, marginalidad y mucha injusticia.

Para defender nuestra economía y buscar mejorar la calidad de vida de la gente, la urgencia es recuperar la educación. No son los indicadores macroeconómicos, es la educación la que puede salvarnos o hará que se termine de hundir el barco. En los tiempos actuales no existe la posibilidad de minimizar la pobreza ni la marginalidad si no es por medio del conocimiento de la gente. 

Tenemos todo por hacer y es imperioso salvar la educación. Repatriar cerebros, incentivar talentos, invertir más y mejor en ciencia y tecnología, enviar a los mejores a formarse en el exterior, elevar la calidad docente... Es hora de un cambio drástico que apunte a la construcción de un país sobre la base de formar a su gente, antes de que una generación perdida sea la perdición de toda la economía y todo el país. 

(*) Periodista y profesor universitario

Desde Ciudad de México, México. 

Publicado en el diario económico 5 días, de Paraguay. Ver original aquí

lunes, 3 de noviembre de 2014

Detrás de lo económico


Por Héctor Farina Ojeda 

No fue una casualidad que hace unos días el ex primer ministro del Reino Unido Tony Blair lo haya dicho claramente: el mayor desafío para México es la educación. En un tono similar, Ben Bernanke, expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), dijo hace unos meses que la educación es importante no sólo para que disminuya la pobreza, sino porque cuando se carece de ella se desperdician los recursos que tiene el país. 

A principios del sexenio pasado, cuando la gran pregunta era por qué México crecía a tasas mediocres pese a hacer bien los deberes, el resultado de las investigaciones apuntó a una causa fundamental: mala calidad educativa. Sin recursos humanos calificados y competentes, las recetas económicas no funcionaban porque no había la capacidad de maniobra para ajustarse a los cambios constantes de la economía ni para aprovechar las oportunidades que surgen y se van de manera vertiginosa. Actualmente, la situación no ha cambiado mucho. 

La caída de México en el Índice Global de Competitividad 2014-2015 fue un toque de alerta que no hizo tanto ruido como debería: del puesto 55 retrocedió al sitio 61, de un total de 145 países estudiados. El informe de Foro Económico Mundial dice que la causa de la caída es el deterioro de la percepción del funcionamiento de las instituciones, así como la baja calidad del sistema educativo "que no parece cumplir con el conjunto de habilidades que la economía mexicana cambiante exige”. Igualmente, el bajo nivel de implantación de tecnologías de la información afecta negativamente a la competitividad. 

Las llamadas de atención sobre el problema que se encuentra detrás del escaso crecimiento económico han sido recurrentes en los últimos años. Reciente lo advirtió la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que en su informe Panorama de la Educación 2014 dice que México invierte mucho en educación (6.2% del PIB en 2011, frente al 6.1% del promedio) pero ello no se refleja en una mejoría de la calidad educativa. El uso inadecuado de recursos termina devorando los esfuerzos por mejorar la educación, lo que a su vez se nota en aspectos económicos sensibles como la pobreza, la desigualdad, la falta de innovación y el mentado crecimiento económico que tanto se requiere. 

Sin embargo, lo curioso es que haya una cantidad interminable de diagnósticos, estudios, advertencias, recomendaciones y recetas, pero los números de la pobreza prácticamente no se hayan movido: siguen afectando a cerca de la mitad de la población mexicana. Y en el mismo sentido, el crecimiento económico sigue siendo insuficiente y altamente inequitativo, pues se concentra en pocas manos y no llega a los más necesitados.


Hay que sentar una postura clara: sin mejorar la educación, sin mejorar la producción en ciencia y tecnología, y sin tener recursos humanos competentes que puedan hacerle frente a las cambiantes necesidades de un mundo globalizado, los resultados económicos seguirán siendo mediocres. Difícilmente pueda pensarse en disminuir la pobreza o minimizar la desigualdad si no atacamos el problema educativo que limita la economía. Debemos exigir soluciones de fondo a largo plazo y no dejarnos impresionar por parches o indicadores macroeconómicos coyunturales. Los anuncios de empleo o inversiones pueden generar sensación de bonanza, pero esto es efímero y no resuelve cuestiones de fondo. No son los indicadores macroeconómicos ni los números ocasionales, es la calidad educativa la que urge. 

Publicado en el diario Milenio Jalisco, en el espacio "Economía Empática". Ver original aquí:

lunes, 5 de abril de 2010

Los siete desafíos del periodismo económico

El desafío de la profesionalidad

En las últimas décadas se ha avanzado mucho en la mejora de la conciencia profesional, individual y colectiva, de los periodistas económicos. En España, no está tan lejos el tiempo en el que a algunos periodistas económicos se les denominaba sobrecogedores, en honor a la práctica de recoger sobres de dinero para cobrar favores informativos.

Sin embargo, sigue habiendo desafíos importantes en las redacciones. Hoy los problemas fundamentales de la práctica profesional de los periodistas económicos no estriban en asuntos extremos, aunque temas como la utilización de información privilegiada para el enriquecimiento personal se sigan llevando la palma de la popularidad entre los especialistas. Más bien, los problemas fundamentales, como pusieron de manifiesto algunos de los ponentes del Congreso, son más cotidianos. Están relacionados con la situación profesional "demasiadas veces precaria", con la burocratización de la actividad informativa, o con los nuevos retos que plantea al periodista económico la utilización de Internet. Sobre este tema abundó especialmente Martha Steffens, profesora de la Universidad de Missouri, que en el último año ha asesorado en la nueva redacción del código deontológico de la Society of American Business and Economic Writers.

El desafío de la formación

Hace algún tiempo, con motivo de la cobertura periodística de escándalos como el de Enron y Worldcom, levantaron ampollas en la profesión unas declaraciones de Marjorie Scardino, máxima responsable de Pearson. Scardino comentó que uno de los motivos por los que medios "incluido su periódico, el Financial Times" no habían sido capaces de descubrir esos y otros escándalos corporativos era la escasa formación especializada de los periodistas. Y es que el debate en torno a la formación de los periodistas económicos sigue estando de plena actualidad, a pesar de ser un debate casi tan antiguo como la especialidad.

En la actualidad, la complejidad de esa formación especializada ha aumentado, sobre todo por los grandes avances en el conocimiento económico, empresarial y financiero. También se ha avanzado mucho en la preparación de los profesionales del periodismo, pero no cabe duda de que todos los esfuerzos que se hagan en esa dirección son esenciales para una mejora de la práctica profesional. Sobre la necesidad de impulsar la competencia económica de los estudiantes de periodismo y de los profesionales versaron las ponencias de Chris Roush, profesor de la Universidad de Carolina del Norte, y de Fernando González Urbaneja, experimentado periodista económico y Presidente de la FAPAE.

El desafío de la fortaleza

La fortaleza es la virtud cardinal que consiste en vencer el temor y huir de la temeridad. La fortaleza asegura la firmeza ante las dificultades y la constancia en la búsqueda del bien. Implica superar ese impulso primario, paralizante, que se deriva de la aversión natural al riesgo o a la amenaza. Los dos desafíos comentados previamente, y otras circunstancias que rodean "y siempre han rodeado" al ejercicio de este periodismo, como por ejemplo la sofisticación, el poder y la influencia de los protagonistas de la información, de fuentes, de anunciantes, etc. requieren un plus de fortaleza para superar miedos, dudas, presiones y amenazas.

Sobre este particular, enfocado en el caso español, giraron en buena medida las intervenciones del panel de directores de periódicos "Expansión, El Economista y La Gaceta de los Negocios" y del panel de directivos de comunicación institucional "Porter Novelli, Pricewaterhouse Coopers y AIAF-Mercado de Renta Fija". El desequilibrio de fuerzas entre unos medios económicos muy fragmentados, y unas instituciones y empresas cada vez más poderosas y profesionalizadas plantea no pocos problemas al ejercicio de esa virtud de la fortaleza en las redacciones.

El desafío tecnológico

Las nuevas tecnologías siempre han constituido un factor clave en el desarrollo del periodismo. Sin embargo, en el caso del periodismo económico, la historia nos cuenta que algunos avances han sido trascendentales "caso de la imprenta y la telegrafía", mientras que otros han sido menos relevantes "o su importancia, caso de la radio y de la televisión, se ha manifestado de forma muy tardía". Internet está sin discusión entre los primeros, y su impacto en el periodismo económico tiene que dar todavía muchas sorpresas.

Más allá de los efectos de Internet o las tecnologías móviles en medios y empresas, y de debates como el del pago o la gratuidad "especialmente interesantes en este campo", hay otros asuntos de enorme trascendencia en un ámbito informativo tan delicado, tan dominado por el juego de intereses y por la autoridad del conocimiento experto. Fenómenos como el del "periodismo ciudadano", o el de la multiplicación de los "blogs", por poner dos ejemplos, pueden añadir especial complejidad a un mercado muy sensible a la calidad de la información pública que circula. De la necesaria adaptación de los medios tradicionales a esas nuevas realidades se ocupó David Rocks, editor internacional de Business Week, que expuso cómo la revista estadounidense está tratando de aprovechar esos fenómenos para reinventar el periodismo de negocios.

El desafío de la globalización

Pocos campos informativos tienen que mirar a la actualidad con el enfoque global que demanda la información económica. En ningún ámbito noticioso se comienzan las noticias del día con el cierre de las Bolsas de Nueva York y Tokio, o con el precio del brent. En pocos sucede que haya medios de referencia global tan claros. Diarios como el Wall Street Journal o el Financial Times, o revistas como The Economist y Business Week, sirven a menudo como fuente de contraste para interpretar mejor lo que sucede en la actualidad más cercana.

Pero hacerse cargo de las implicaciones de esta globalización, incluso con esos apoyos de autoridad, no es tarea fácil. Y menos cuando lo económico se entrelaza con aspectos sociales, políticos y culturales. Lo que sucede actualmente con el gran tema del momento, el poderío económico chino, y las interpretaciones y posturas en torno a su impacto global, muestran bien a las claras esas dificultades. Iain Carson, editor de negocios europeos de The Economist, ilustró los desafíos que una publicación verdaderamente global como el semanario británico afronta al cubrir las interrelaciones entre economía y política con ese enfoque universal. También en la mesa de corresponsales, en la que participaron los representantes en España de Wirtschaftswoche (Alemania), Il Sole 24 Ore (Italia) y El Mercurio (Chile), se puso de manifiesto.

El desafío empresarial

Hoy no existe la posibilidad de que un emisario del zar se haga con el control de la prensa financiera de París, como sucedió a finales del siglo XIX en el caso de Arthur Raffalovich. Entre otras cosas, porque ya se han hecho con ella algunos de los principales magnates de la industria francesa. La situación en muchos otros sitios no es mejor. De hecho, se ha vivido un verano apasionante con el desembarco de Rupert Murdoch en el Wall Street Journal, y probablemente éste sea tan sólo el último episodio de una historia que se escribirá con muchos más.

Medios de información económica que hasta no hace mucho eran "las joyas de la corona" de pequeños reinos periodísticos están pasando a convertirse en "ornamentos de bisutería" de gigantescos imperios empresariales, con múltiples intereses "económicos, políticos, financieros" dentro y fuera del mundo de la comunicación. Los casos del Wall Street Journal o del diario económico francés Les Echos, recientemente adquirido por el grupo LVMH, sobrevolaron la sala del Congreso como muestra de las complejas redes de intereses en las que se hallan inmersos los medios especializados, incluso aquellos de mayor calidad y reconocido prestigio.

Los desafíos de la transparencia

Quizá la mayor paradoja que se vive en la actualidad en torno a la difusión de información económica es que en un momento en el que las empresas, los mercados y las instituciones han apostado abiertamente por la transparencia, existen mayores dificultades para dar con información periodísticamente relevante "o dicho de otra forma, para acceder a esa información que alguien desea que no salga a la luz pública". En torno a esa paradoja discurrieron las intervenciones de Luis Abril, máximo responsable de la comunicación corporativa de Telefónica, y Manuel Conthe, ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

Por un lado, el extremo cuidado con el que empresas e instituciones planifican la gestión de su reputación corporativa, y por otro, la aspiración de que en los mercados fluya la información relevante en igualdad de condiciones para todos tienen como contrapartida un control cada vez más férreo de esa "otra información", "la oculta", que constituye la savia del buen periodismo.

Si el diagnóstico de los problemas es el paso previo para su solución, cabe esperar que la reflexión que ha tenido lugar en el CICOM 2007 sobre estos siete desafíos del periodismo económico pueda ayudar a la buena marcha de esta especialidad periodística.

aarrese@unav.es

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REFERENCIAS:
- http://www.unav.es/fcom/cicom
- American Society of Business Publications Editors (ASBPE), Guide to Preferred Editorial Practices, 2006. http://www.asbpe.org
- ARRESE, Ángel, &ldquoSimplificación y rigor en el periodismo económico&rdquo, en Cuadernos de Información, nº 19, 2006, pp. 42-49.
- DOYLE, G., &ldquoFinancial news journalism&rdquo, en Journalism, Vol. 7, nº 4, 2006, pp. 433-452.
- http:// www.unav.es/fcom/cicom
- NORDBERG, D., &ldquoNews and corporate governance. What Dow Jones and Reuters teach us about stewardship&rdquo, en Journalism, vol. 8, nº 6, 2007, pp. 718-735.
- Society of American Business Editors and Writers (SABEW), Code of Ethics, 2007. http://www.sabew.org


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* Este texto es un resumen del encuentro entre un grupo de especialistas durante un Congreso Internacional de Comunicación convocado por la Universidad de Navarra, y fue publicado en el número 44 de la revista Perspectivas del mundo de la comunicación.

Fuente: Sala de prensa. Ver publicación original aquí